La Venezuela que soñamos debe ser una Venezuela en la que no se exalten a los asesinos y ladrones de la historia. Los niños de nuestro país deberían soñar con ser Dudamel, con llegar a ser un nuevo Andrés Gallarraga, Iván Olivares, Juan Arango, un "Maestrico" González o si quieren soñar con ser hombres de ciencia que vean su espejo en Jacinto Convit o en Alfonzo Fernández Morán. Si un niño quiere soñar con ser policía puede soñar ser un Iván Antonio Simonovis Aranguren, nuestros niños pueden soñar ser empresarios como Lorenzo Mendoza, como los abuelos maternos de Henrique Capriles que crearon una fortuna con trabajo y esmero.
Nuestros tesoros, nuestros muchachos no tienen porque emular a los asesinos de la historia como lo son Ernesto Guevara de La Serna, un médico argentino que se dedicó a matar gente alrededor del mundo en nombre de la causa comunista, que sembró el terror en África, América y Europa para imponer una revolución en la que se desprecia al ser humano y se pretende erigir a un "hombre nuevo".
Nuestros hijos no deberían pensar en ser un Hugo Chávez, un ser que vivió su vida entera en una sucesión de conspiraciones y cuya demencial actitud terminó botando a la basura 1 millón de millones de dólares, dividió a un país en 2 y polarizó a Latinoamérica hacia la izquierda comunista sólo porque Venezuela financiaba todo con su petróleo y que terminó muriendo en un sótano de La Habana por su terco deseo de morir siendo presidente. Ese no puede ser el sueño de un nuño venezolano.
Existen muchos ciudadanos decentes que cumplen la ley, que se levantan a trabajar, que llevan adelante una vida; una familia sin dañar a nadie, que se enfrentan a circunstancias nada alagueñas como la inseguridad, la inestabilidad económica, el matraqueo de funcionarios públicos, etc. Esos son los ejemplos a seguir. En 200 años de historia patria la pelea siempre ha sido entre la civilización y la barbarie. Ya es tiempo de que dejemos de soñar con ser "Doña Bárbara", capaz de incendiar el llano por hacerse respetar y comencemos a pensar en ser como Santos Luzardo.
Venezuela es una tierra noble de gente buena, que en palabras de Gallegos "Ama, sufre y espera" y creo que el tiempo de esperar se terminó, que el tiempo de sufrir se ha terminado también y que este es el momento de ponernos los pantalones largos y decirle a los políticos de uno y otro bando que dejen de comportarse como bandoleros, que Venezuela no se negocia ni se tranza y que exigimos de inmediato que se restituya el orden constitucional y eso pasa por renovar las autoridades del CNE, liberar a los presos políticos y comenzar a gobernar para todo el país "como si de verdad les importara"
La Venezuela Decente, la que se levanta a trabajar todos los días se está cansando de que se premie la vagancia, la sinvergüencería y el hamponato y si un día esa Venezuela se levanta con el deseo definitivo de acabar con la blandenguería y el negociado de la oposición y con los abusos y sueños comunistas de esta "banda armada" que hoy ocupa el gobierno, me parece, que nuestros sueños se pueden convertir en realidad.
Iván de León Paz