Los Malqueridos
“Si yo pudiera borrar su vida, la borraría, aunque quisiera también así, borrar la mía. Así empieza la canción “El
Malquerido” popularizada por Felipe Pirela. Hay un grupo de venezolanos que
somos malqueridos desde siempre en esta tierra de gracia, hoy en desgracia. Y
es que somos muchos los venezolanos que tenemos un gran compromiso cívico con
el país. Somos esa clase de venezolanos que cumplimos con las normas, que
hacemos lo que debemos por amor a la pulcritud de la conciencia.
Somos una especie rara en un
país en el que la “viveza criolla” es aplaudida desde los encumbrados centros
del poder hasta las barriadas. La
sociedad actual, producto del burdel ideológico del socialismo del siglo 21
(minúscula adrede), se ha convertido en el perfecto ejemplo de que el trabajo
no es importante, más importante es el “acceso” la vulgarmente denominada “palanca”
y con inmensa tristeza el buen venezolano siente los embates de la crisis no
porque no trabaje para superarse sino porque 2 bandos de inmorales se han
apoderado del país sin considerar las consecuencias, enfocados sólo en el botín
que representan las arcas públicas.
El buen venezolano se siente
atrapado por el hampa política que le robó el futuro y busca emigrar a como dé
lugar, procuran el llegar a otro país que les brinde las garantías que la
patria no les da desde hace 30 años, agudizados en este último periplo
burdelesco que nos ha quitado hasta las más elementales libertades. Una muestra
del buen venezolano es ese señor que asiste a las juntas de condominio, que
protesta ante los abusos de propios y extraños, que se defiende de quienes
irrespetan el tiempo de los demás al “colearse”, ese venezolano bueno se ha cansado
de luchar por un país que lo deja sólo, que lo mira hacer su reclamo como si
fuese un animal de feria.
El
buen venezolano está emigrando y es de los que más adelante hará sentir orgullo
a otros compatriotas y llegará a presidir Universidades, desarrollar ciencias,
romper records deportivos y será enarbolado por los medios como “nuestro”
fulano de tal. Ese buen venezolano que emigra va a tener que enfrentar fuera de
la patria la idiosincrasia de sus compatriotas que llegan a otros países a
querer seguir haciendo lo que destruyó a Venezuela, se verá en la obligación de
aislarse de sus compatriotas o escoger muy bien con cuáles de ellos tener una
relación, identificarse y ser solidarios.
Al
igual que en la propia tierra el buen venezolano pagará por los pecados de
otros venezolanos que transgreden las costumbres del país que les acoge y serán
los primeros en tratar de confundirse con el paisaje, pasar inadvertidos y sin
negar el gentilicio esperar el piropo dicho por extranjeros en nuestro propio
país, ahora siendo nosotros los extranjeros en suelo ajeno; “tú no pareces
venezolano” y en ambos casos tienen razón.